domingo, noviembre 11, 2007

IN THE ENDLESS TIME...

Vaya, realmente hace mucho tiempo que no actualizo esto. Claro, me pongo con mis cosas, y las preocupaciones borran de mi mente todo lo que no sea inmediato.

Posiblemente mis antiguos lectores andarás demasiado ocupados para seguir observando mis devaneos, pero por si acaso lo hacen, propongo lo siguiente: Usarlos como voluntariosos conejillos de indias para probar el valor de mis ideas.

Para empezar, algo suave: La opinión sobre una breve historia. Los comentarios constructivos son siempre bienvenidos.

EN EL TIEMPO DEL FIN

Nadie corre más deprisa que cuando sabe que va a morir.

Incluso con los pies desnudos arañará las frías piedras bajo la nieve hasta el hueso; jadeará sin control, con el corazón desbocado, batiendo en el pecho con frenesí, a punto de explotar, al borde de la extenuación sin notarlo, y no le prestará atención. El dolor no existe. Sufrirá heridas graves si le ayuda a sobrevivir, y por supuesto las cicatrices no importarán entonces. Cada respiración se convierte en un desesperado aliento que se rapta con codicia, porque podría ser el último y se desean infinitos más. La víctima tiene los ojos fijos en su meta, que es la salvación por supuesto, pero siempre encarnada en un lugar real y muy concreto. Esto es lo mejor y más significativo de todo.

Pero, ¿qué ocurre cuando supera los obstáculos, alcanza el límite de sus esperanzas, observa allí donde debería estar lo que busca, y no está? O peor. Cuando la Muerte ya se ha abatido sobre el seguro refugio y no te ha dejado más que un montón de humeantes y cenicientas ruinas como si te gastara una broma pesada, ¿qué se te pasa entonces primero por la cabeza? ¿Es la sorpresa o la desolación? ¿Se tiene una súbita conciencia de la inevitable muerte que te sume en la desesperación más absoluta? ¿La locura te arrebata antes para evitar a la mente enfrentarse a una angustia semejante? ¿Se vive una ilusión de irrealidad apacible entonces, como si nada existiera? Es un dilema que me tiene intrigado.

Prometo preguntárselo al siguiente superviviente aislado que me encuentre del próximo pueblo que arrasemos, antes de permitir que mis orcos, insaciables en lo que a violencia sanguinaria se refiere, lo desmembren y devoren vivo.