Recordando el Segundo Aniversario
Hola a todos mis lectores:
Hoy se cumple el segundo aniversario de mi Revelación, y por tanto es obligado hacer honor a este evento con una entrada en la Bitácora.
Debido a la naturaleza de la actual situación creativa no puedo hacer ningún comentario más allá de la conmemoración de la fecha. No puedo entrar en harina y explicar el asunto porque está feo hablar de lo que todavía no está hecho; Suena presuntuoso, perezoso, y en definitiva crea una expectación que se está lejos de poder satisfacer como merece. Lo que se podía decir ya se dijo. Sigo trabajando, y creo que es el mejor tributo que le puedo rendir a esta responsabilidad, y la mejor noticia que puedo dar a todos vosotros, lectores y amigos. Y supongo que a mí mismo, claro está.
Quiero aprovechar el momento de confianza y unos cuantos minutos de nuestro tiempo para exponer un asunto relacionado con este mismo que hace años que me ronda por la cabeza, y sobre el que quiero exponer mi opinión de una forma firme y contundente.
No he ido a muchas reuniones de roleros, convenciones frikis, Encuentros o como querais llamarlas. Sin embargo, las pocas a las que he asistido me han convencido de que somos un puñado de mentes brillantes las que nos dedicamos a esto. Un puñado recurrente que va a todas estas reuniones de forma continua. En realidad, muchas de estas mentes brillantes pasan desapercibidas a menos que te pongas a hablar con ellas, y durante un rato prolongado además, pues el don de gentes no es muy habitual entre nuestro grupo, y la sinceridad tarda en llegar por el habitual recelo a los desconocidos. Pero el esfuerzo merece la pena. Se conoce a gente verdaderamente excepcional, si no imprescindible. Personas con ideas claras, muy sensatas, que saben diferenciar claramente lo correcto de lo incorrecto y actuar en consecuencia.
También personas con una vocación similar o mejor que la mía; yo no me considero nadie pero sé reconocer el talento cuando lo veo. Algunos me han contado cosas sobre proyectos sobre los que llevan años trabajando un poco, o que pretenden hacer algún día. No hablan casi nada del asunto en concreto, pero basta escucharlos un rato para saber que tienen cosas muy interesantes que decir, y que por tanto ese trabajo saldrá bien por narices. Nunca parecen decidirse del todo a actuar, y eso es algo de lo que lamentarse. ¿Lamentarse? Sí, lamentarse. Porque estas personas tienen sobrada capacidad para realizar creaciones que expandirían las fronteras de nuestra imaginación colectiva y aportarían riqueza a nuestra cultura y a nuestra forma de ver la vida. No es una afirmación pretenciosa o exagerada. Las cosas como son.
Espero que algún día encuentren la fuerza interior para terminar estos proyectos, porque, ¿qué habría sido de nosotros si Tolkien se hubiera estado callado? ¿O George Lucas? Ahora nos parecen grandes, pero en su momento eran poco más que anónimos personajes con un puñado de buenas ideas. Eso debería enseñarnos una lección de humildad, sobre los demás y también sobre nosotros mismos, y admitir que la grandeza puede estar en el lugar más insospechado -¡incluso en nosotros mismos! Aunque al mirarnos en un espejo no veamos más que a un soso profesor de literatura resentido de la guerra o a un novato director de cine de trayectoria corta y bastante mediocre.
Las apariencias engañan, incluso los pensamientos pueden engañar también, pero una Visión respaldada por los hechos que nosotros mismos hemos creado con entusiasmo es algo muy distinto. Es algo grandioso. Trabajar, y trabajar con alegría además, que decía Benjamín Franklin para convertir el trabajo en oro puro. La cita correcta la pongo al final. Pero yo hablo de lo que sé porque lo he vivido. Las fronteras de nuestro saber y de nuestra capacidad se expanden sin que podamos percatarnos, como músculos que crecen con el esfuerzo, y de repente las cosas van mejorando por sí mismas y todo cobra un nuevo y monumental sentido que, en realidad, siempre estuvo ahí desde un principio. Igual que una semilla es una planta pero en diminuto y de ella salen hasta los más frondosos árboles. Paciencia, trabajo, disciplina y confianza. Cuatro cosas al alcance de todo el que quiera estirar la mano. ¿Después? Algo increíblemente bueno, sin lugar a dudas.
Yo no estoy en la cabeza de otros para ordenarles lo que deben hacer. Sólo puedo esperar a que algún día sean consecuentes consigo mismos y se apliquen el cuento.
"La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro." -Benjamín Franklin.
http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=378&sourceid=frasedeldia
Hoy se cumple el segundo aniversario de mi Revelación, y por tanto es obligado hacer honor a este evento con una entrada en la Bitácora.
Debido a la naturaleza de la actual situación creativa no puedo hacer ningún comentario más allá de la conmemoración de la fecha. No puedo entrar en harina y explicar el asunto porque está feo hablar de lo que todavía no está hecho; Suena presuntuoso, perezoso, y en definitiva crea una expectación que se está lejos de poder satisfacer como merece. Lo que se podía decir ya se dijo. Sigo trabajando, y creo que es el mejor tributo que le puedo rendir a esta responsabilidad, y la mejor noticia que puedo dar a todos vosotros, lectores y amigos. Y supongo que a mí mismo, claro está.
Quiero aprovechar el momento de confianza y unos cuantos minutos de nuestro tiempo para exponer un asunto relacionado con este mismo que hace años que me ronda por la cabeza, y sobre el que quiero exponer mi opinión de una forma firme y contundente.
No he ido a muchas reuniones de roleros, convenciones frikis, Encuentros o como querais llamarlas. Sin embargo, las pocas a las que he asistido me han convencido de que somos un puñado de mentes brillantes las que nos dedicamos a esto. Un puñado recurrente que va a todas estas reuniones de forma continua. En realidad, muchas de estas mentes brillantes pasan desapercibidas a menos que te pongas a hablar con ellas, y durante un rato prolongado además, pues el don de gentes no es muy habitual entre nuestro grupo, y la sinceridad tarda en llegar por el habitual recelo a los desconocidos. Pero el esfuerzo merece la pena. Se conoce a gente verdaderamente excepcional, si no imprescindible. Personas con ideas claras, muy sensatas, que saben diferenciar claramente lo correcto de lo incorrecto y actuar en consecuencia.
También personas con una vocación similar o mejor que la mía; yo no me considero nadie pero sé reconocer el talento cuando lo veo. Algunos me han contado cosas sobre proyectos sobre los que llevan años trabajando un poco, o que pretenden hacer algún día. No hablan casi nada del asunto en concreto, pero basta escucharlos un rato para saber que tienen cosas muy interesantes que decir, y que por tanto ese trabajo saldrá bien por narices. Nunca parecen decidirse del todo a actuar, y eso es algo de lo que lamentarse. ¿Lamentarse? Sí, lamentarse. Porque estas personas tienen sobrada capacidad para realizar creaciones que expandirían las fronteras de nuestra imaginación colectiva y aportarían riqueza a nuestra cultura y a nuestra forma de ver la vida. No es una afirmación pretenciosa o exagerada. Las cosas como son.
Espero que algún día encuentren la fuerza interior para terminar estos proyectos, porque, ¿qué habría sido de nosotros si Tolkien se hubiera estado callado? ¿O George Lucas? Ahora nos parecen grandes, pero en su momento eran poco más que anónimos personajes con un puñado de buenas ideas. Eso debería enseñarnos una lección de humildad, sobre los demás y también sobre nosotros mismos, y admitir que la grandeza puede estar en el lugar más insospechado -¡incluso en nosotros mismos! Aunque al mirarnos en un espejo no veamos más que a un soso profesor de literatura resentido de la guerra o a un novato director de cine de trayectoria corta y bastante mediocre.
Las apariencias engañan, incluso los pensamientos pueden engañar también, pero una Visión respaldada por los hechos que nosotros mismos hemos creado con entusiasmo es algo muy distinto. Es algo grandioso. Trabajar, y trabajar con alegría además, que decía Benjamín Franklin para convertir el trabajo en oro puro. La cita correcta la pongo al final. Pero yo hablo de lo que sé porque lo he vivido. Las fronteras de nuestro saber y de nuestra capacidad se expanden sin que podamos percatarnos, como músculos que crecen con el esfuerzo, y de repente las cosas van mejorando por sí mismas y todo cobra un nuevo y monumental sentido que, en realidad, siempre estuvo ahí desde un principio. Igual que una semilla es una planta pero en diminuto y de ella salen hasta los más frondosos árboles. Paciencia, trabajo, disciplina y confianza. Cuatro cosas al alcance de todo el que quiera estirar la mano. ¿Después? Algo increíblemente bueno, sin lugar a dudas.
Yo no estoy en la cabeza de otros para ordenarles lo que deben hacer. Sólo puedo esperar a que algún día sean consecuentes consigo mismos y se apliquen el cuento.
"La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro." -Benjamín Franklin.
http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=378&sourceid=frasedeldia

